De la muerte repentina de Dios…
Por: Carlos Francisco Urbina Tanús
Hace un año oí lanzar una pregunta al aire a un sujeto (del cual su nombre no es relevante en este momento) ¿Dios ha muerto? A lo cual uno de los tantos analfabetas funcionales que deambulan por las calles del mundo le respondió: “No, murió Juan Pablo II, Dios no“.
Lo anterior me hizo reflexionar en muchos temas entre ellos, aquel tema tan oido de la influencia de la iglesia Católica en el subdesarrollo de los países latinoamericanos, si en aquel hermoso paraje conquistado por España y Portugal, en el que actualmente la única institución supranacional que existe, son los Estados Unidos de América. Una verdadera mano invisible que rebasa los sueños mas capitalistas de Adam Smith, es la que ha movido los hilos de los gobiernos latinoamericanos. Hoy ha prohibido la venta de armas a Venezuela, sigue con un bloqueo económico a Cuba y mantiene a toda esta región como su patio trasero.
Del otro lado del mundo, donde las instituciones supranacionales si existen y son respetadas y colectivas, hay miles de personas queriendo entrar, procedentes del área sub sahariana. En los exclaves Europeos en África la situación no es distinta, se han construido muros fortificados y dotados de las últimos artilugios tecnológicos para evitar el paso a una turba hambrienta, tal vez la memoria aquí no existe y el muro Alemán tan condenado se encuentra dentro de un Alzheimer colectivo. En Europa donde la petición de admisión de Marruecos es denegada por su situación geográfica y la vez Chipre es aceptado como si su naturaleza asiática hubiera sido ocultada.
Por causas como las anteriores reflexione la pregunta emanada de aquel sujeto y en la aparente mala respuesta y dentro de la aparente dicotomía de la respuesta correcta ninguno de los dos extremos me satisfizo, por lo cual tuve que formular mi propia respuesta: Dios no está muerto, solo ha cometido un error geométrico, al colocarse en el centro del mundo para poder observar a todos, deja a la mitad a su espalda.
